Cuando Seas Grande

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Soy una grande belleza!
Foto: Lina Marin

Los cambios que una persona procesa durante el transcurso de su vida están netamente determinados por el fondo y la forma del desarrollo y la supervivencia con la familia que el universo nos asignó. Procesos basados en la información recibida en la niñez, el duro paso por la adolescencia y la loca idea del “que quiero ser cuando sea grande”, adulto.

¿A quien no se le ha pasado por la mente semejante idea? que quier ser cuando sea grande? y lo sorprendente es que, aún siendo ya grandes, “adultos” seguimos creciendo y saltando como ranas entre discontinuos estados de nuestro ser; sin reconocernos en nuestra pura esencia; yo quiero ser, yo no soy, ¿soy? Voy a ser… ¿que hago aquí? ¿Porque soy así? ¿¡oh Dios! Quien soy yo? y sin contar que entre la mente y el cuerpo el bendito tiempo sigue sumando, y nos seguimos buscando; y entonces, llega la pregunta, o más bien la duda: ¿esto que me pasa es ser grande? Solo se nos ocurre elevar el alma hasta,  que por alguna idea loca, llámese epifanía, inspiración o experiencia que entramos en una catarsis de reconciliación con todos [email protected] que fuimos, [email protected] que somos y  [email protected] que vamos a seguir siendo; hasta que por fin vamos despertando de una eterna negación y nos vamos comprendiendo cada día un poco, ya si la presión del insoportable levedad de nuestro ser, como lo dilucida Milan Kundera en la Insoportable Levedad del Ser.

De bebes-niños, somos como una bola de esponja con cabeza y patas, y dos bolitas desorbitadas para captar cuanta cosa nos pasa al frente, y esa bola de esponja absorbe y absorbe sin clasificar ni entender lo que los adultos nos embuten; como salchichas nos llenan de información; información que queda comprimida como una bomba de tiempo, para bien o para mal. De adolescentes, adolecemos de todo, somos incompletos, y de adultos, somos adúlteros, adulterados por los adultos, a veces llegamos a unos estados que sentimos que nos esta sobrando mucho de todo lo que aprendimos de los adultos que nos dirigieron nuestra inocente vida. Adultos sin conciencia, que nos dieron lo que pudieron de acuerdo a lo que ellos vivieron, nos intoxicaron imponiendo sus ideas, normas y pensamientos a todos los niveles, tanto erróneos como acertivos, fundamentado en sus experiencias pasadas de sufrimiento o alegría, drama o belleza, tragedia o confort, y qué, desafortunadamente, los malos recuerdos influencian tanto o más que los buenos castrando nuestro crecimiento y desarrollo personal, y esto no es culpa de nadie. Ninguno venimos a este mundo con un manual en el bolsillo que diga:
Trátese con cuidado, dele mucho amor y deje que su alma se desarrolle, y aprenda a vivir libre, y no sufra, y cero religión, cero violencia; deje que El Niño conozca primero su ser esencial y dele herramientas para que surja en este mundo y profundice y tenga un arte, una habilidad, una capacidad de vivir, y sea él mismo fruto de su natural esencia.

Como leí en un libro de Carlos Castaneda: “La primera mitad de nuestras vidas nos la pasamos aprendiendo y recibiendo información tóxica de los adultos, la familia y el entorno, y la otra mitad de nuestras existencia nos la pasamos desaprendiendo y desintoxicandonos para poder encontrar nuestra verdadera esencia”.

Tuve siempre una supuesta claridad en mi vida: vivir con abundancia y en tranquilidad total, digo supuesta claridad porque lo que veía como claridad eran ilusiones, creía que eran mi realidad. lo que nunca tuve durante el proceso de mi desarrollo personal, fue claridad.

Pero aún así, fijé esa idea en mi cabeza debido a los altibajos que experimenté desde que nací, pasando por mi niñez y la adolescencia, además fue una forma de demostrarle a la familia que ellos no eran omnipotentes y que no me dejaría aplastar más por ellos, y que yo me podía valer por mis propios medios; !oh bendita familia!.

En medio de mi rebeldía con el mundo y mi mundo. Con dificultades y obstáculos por doquier. Cuando empecé a ser grande, logré un poco de eso que yo creía tenía claro, abundancia y tranquilidad. Falso. ¿A que precio? La fijación de abundancia y tranquilidad que tenía fueron erróneas porque no vi, en mi formación otras posibilidades de crecer, no tenía un desarrollo o alguna idea de ver la vida diferente dentro de mi ser. Tenía baja autoestima causada por las humillaciones, la discriminacion social, racial y económica que mi familia y la sociedad me indujo desde que era bebé causándome una serie de transtornos al momento de eligir amistades, mi inseguridad y miedos eran fatales y muy determinantes para hundirme en fracasos emocionales y económicos, es por todo esto que hoy estoy aquí, haciendo de mis experiencias una herramienta de vida.

Yo vivía en una nebulosa, yo misma me calificaba de “soy una volada”, entendí que era una manera de evadir muchas realidades, es decir, soñando entre deseos fijados en una vida que no era la mía y que desde que nací, ya estaba truncado por estar en las nubes y no ser consciente de la realidad, no fue fácil entender cual fue el daño causado por los adultos. Se me cruzaban en mi trasegar obstáculos, unos muy difíciles, otros no tanto, otros complejos, desde experiencias vividas estando en el vientre de mi madre, sentir la muerte de cerca no una ni dos veces, hasta la experiencia de perderlo todo, incluyendo un abanico de amigos que había elegido según los deseos de la familia. Familia que aprecio y respeto, porque por ellos fue que llegue conoci mi verdadero ser esencial.

De joven, estaba idiotizada por el futuro, no sabía tan poderosa afirmación. Miedo al futuro es la mayor ilusión y el enemigo silencioso mas mas poderoso para no avanzar o avanzar con tropiezos. Asi se suben diez escalones pero se bajan 20.
Un día estaba nula por completo, estaba como loca, pensando en voz alta, cansada de no ver ni sentir nada, no veía ni siquiera que estaba viviendo en un lugar hermoso, al frente del mar, del cual no disfruté por que mis miedos se me estaban enfrentando, se antepusieron al unísono en mi contra, como monstruos, miedos que no conocía aún en su profundidad y de los cuales no entendía; no sabía como disfrutar de mi valioso presente, me sentía culpable, negada, prohibida, insegura, inmadura. Sospechaba de que se trataban mis miedos, más no del pánico casi paralizador que me causaban, no lo quería admitir, me hacia la que aquí no pasa nada, y mucho menos tenia idea a lo que me enfrentaría en adelante. Era una total ignorante de mi misma, le había dado el poder a una persona y cuando me safé de todos los vínculos, no sabía quien era yo realmente. Esa persona era una charlatana, como dicen los budistas, me poseyó con mis falencias y necesidades, me dominaba la voluntad. Más ella no tuvo la culpa, yo elegí.

De pronto, empecé a observar mi entorno, el espacio en el que estaba, y me fui para la playa. Sentada al frente del magestuso océano de la “Puerta del Sol”, buscando respuestas a preguntas con y sin sentido, intentando encontrarme en un monólogo interno sin control, con la loca de mi casa suelta, mi mente, sentía que habia perdido contacto con mi mundo interior, ya no era la misma, algo en mi estaba mal, sentía que algo me estaba dominando y que mi ego, del cual no era consciente aun, me estaba acorralando, pero si era consciente que yo quería hacer un cambio muy fuerte en mi existencia, en mi ser, mi vida. También había empezado a perder contacto con mi mundo exterior, no le daba crédito a mis sentimientos, no entendía, también habia perdido mi intuición, estaba pasando por un momento de mucha confusión con todas las personas que yo creía que eran honestas y aún peor, con mi propia famila, estaba en caos total, pero no lo veía así, seguí ciega.

Me sentí solitaria, eran días complejos, llenos de ansiedad, de miedo, ansiedad, sentimientos confusos, veía un porvenir incierto. Este era uno de mis malos hábitos, quería ver el porvenir, el furuto, estaba frustrada porque las cartas que tenia me mentían, y toda la mala información que tenía reciclada de la charlatana, me revolcaban la vida. Yo misma era mi propia enemiga. por eso, como era tan terca seguía confiando en mi proceso espiritual, sabiendo de fondo que algo anda mal, confirmando y confiando en mi loco pensamiento que siempre lo abrazo y sublimo y del cuál me aferro en los momentos de dudas y dificultad:
“Se que la vida me tiene algo mejor, se que la vida me tiene mi lugar, y me lo creo, y me lo sigo creyendo, y se que la vida es maravillosa, pues el hecho de haber nacido y estar aquí ya es un milagro”. Mi dios interior, mis angeles y dioses me guían. Y con una respiración de liberación y unas gracias infinitas al mar por escucharme y al sol por abrazarme y al universo por balancearme, termina mi meditación con la loca de la casa, y vuelvo y me impulso y me incorporo.

Aunque no fue suficiente, la costra y el daño seguían ahí, y la inconsciencia me cegaba de la realidad. Y entendí que una meditación de palabras bonitas, o leer frases de momento no sirven de nada si no se hace una evaluación consciente, razonable y radical, de lo que se tiene en esa realidad, y poner en la mesa las cartas de quien soy yo y tomar acción, y no es fácil, tampoco imposible. Yo estaba hasta la coronilla de el cuento de repetir historias, de escuchar y observar gente repitiendo las vidas obras y pronósticos de su familia, y yo, por mi parte, no estaba dispuesta a darle gusto a la familia de ser lo que ellos me pronosticaron ser.

Esto me pasó cuando salí de huida de colombia en el 2008. Llegué a Miami, intoxicada de una charlatana y su familia. Mi familia era un caos. La economía no tenía futuro en mi país, se me cerró la mente. tenía mil y un problema. yo no sabía afrontar la vida por mi misma. Hoy me digo, estoy lista y agradecida con mi pasado que me ayuda a crecer.

LinaMarin

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