Manifiesto Para Quienes Aman La Poesía

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Illustration by: Pascal Roy

Si la Poesía es el excremento luminoso de un sapo que se tragó a una luciérnaga, si la Poesía es el perfume del silencio convertido en letras, en cada una de las palabras vibra el agradecimiento:

Porque me has quitado todo me ha quedado todo.

La dimensión ordinaria de la existencia -esa lucha íntima entre el delirio primario de una sombra convirtiendo el tiempo en arena y el estallido incesante de una luz que siembra primaveras en todo el mundo; la imposibilidad de conciliar lo que nos obligamos a ser con lo que somos (parciales, individuales y pasajeros en medio de la Tierra y completos, totales y eternos en medio del Cielo)-, no es la dimensión extraordinaria de la Poesía.

En la Poesía, -la dual tentación de la multiplicidad: religiosos y ateos, izquierdas y derechas, ricos y pobres, patriotas y auto-exiliados-, es absorbida por la unidad, que no es otra cosa que el poeta sumergido en el misterio de sí mismo, a la vez cuerpo y sombra, con palabras que se hunden en su propia alma, sembrando en tierras ajenas sin pedir retribución, amando sin desear poseer, viendo las cualidades del otro a través de sus ojos convertidos en diamantes, llenando sus pulmones con el viento que sopla sin revelar su destino. Habitante de un mínimo jardín que tiene solo un árbol donde canta una multitud de pájaros, el espacio infinito es su cuerpo, tiempo eterno lo que a él le sucede,

La Poesía, es canción colectiva recibida por el poeta como una revelación, rechaza los límites del discurso racional, negándose a manifestar sus secretos de otra forma que no sea un lenguaje que excluye por completo el ego del escritor.

El poeta, olvidado de sí mismo, por su unidad habla la multiplicidad. No son Sus ideas, ni Sus emociones, ni Sus deseos. Son las ideas, emociones y deseos ocultos como un tesoro en el abismo del alma humana.

El poeta deja que hablen las palabras, “lo que le es dictado”, como una entidad sin dueño, a veces en forma tan sutil que se hace difícil comprenderlo. El poeta, en su jardín interior, bajo el árbol de los diez mil pájaros, canta con ellos:

Permito que mis partes hablen,
pero yo soy mucho más
que la suma de mis partes.
Soy el silencio que las anima,
la paz del abismo sin límites,
el impensable diamante que anida en tu alma.

El poeta va a lo esencial, al centro del mundo, y entre el falso vacío que separa a las islas, se expande hacia las diez direcciones para encontrar un significado profundo en cualquier sitio. Sin principio ni fin, más anciano que la noche y más joven que el día, más brillante que un abismo, y más oscuro que la luz, es el fuego que arde en el centro de la mente. Borra todas las fronteras, no se enquista, no se esconde, no se escapa, no agrede, como las nubes sin cesar se transforma. Cuando cesa al ensueño de la separación, es el mismo de antes y el mismo de después. Es la palabra secreta encerrada en cada piedra, es la danza afelpada del organismo que declina, es el contenido que escapa de las formas, el terreno donde germinan las estrellas, la indecible Verdad, raíz de la belleza. Ante lo que brilla se extiende como sombra, los abismos sombríos lo convierten en luciérnaga.

Alejandro Jodorowsky

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