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El ataque de anónimo Ilustración por: pascALEjandro

Primera parte.

NEUROSIS DE NUESTROS 4 EGOS.

El Yo Esencial, la Conciencia, lo que en realidad somos, es una unidad impersonal, sin límites. El Yo artificial, limitado, creado por la familia ,la sociedad y la cultura, se divide en cuatro egos (simbolizados en el Tarot por la espada, la copa, el basto y la moneda): el ego intelectual que se expresa con ideas, el ego emocional que se expresa con sentimientos, el ego sexual que se expresa con deseos, y el ego corporal que se expresa con necesidades.

Cada uno de estos cuatro egos, en todos los seres humanos sin excepción, padece una forma de neurosis: el intelectual se siente inferior, el emocional se siente angustiado, el sexual se siente cstrado y el corporal se siente abandonado.

ESPADA: Por muy realizada que sea una persona, un artista famoso, un dictador supremo, un multimillonario, en lo profundo de sí mismo se sentirá inferior, se comparará, nunca estará satisfecho, tratará de obtener más. Esta neurosis es producto de la sentencia mortal que pesa sobre todo ser viviente: la muerte física es inevitable, tanto como el envejecimiento y sus achaques. Esta neurosis nos conduce a criticar negativamente a los otros.

COPA: Por muy amada que sea una persona, su ego estará invadido por la angustia. Este miedo a algo desconocido es producto de la ignorancia: nadie sabe lo que es la vida, ni el porqué de su existencia, nadie conoce la totalidad del universo. Esta neurosis nos conduce a dejarnos fanatizar por doctrinas o religiones sectarias.

BASTO: Por muy potente, fuerte, eficaz que sea una persona, (mujer u hombre), se sentirá castrada, incompleta, siempre algo le faltará, siempre sentirá que le han quitado algo. Esto es producto de que todos vivimos en una jaula mental, en un ego limitado, separados de los inconmensurables valores de nuestro inconsciente. Esta neurosis nos conduce a la envidia, a la agresividad y al odio.

MONEDA: Por muy protegida que sea una persona, se sentirá abandonada en un mundo incomprensible y agresivo, con un inseguro sistema económico. Se aferrará a sus padres y familiares hasta avanzada edad, buscará [email protected] en los que “poder confiar”. Esto proviene de que todos vivimos en un planeta que, pudiendo ser paradisíaco, puede atacarnos con todo tipo de catástrofes, terremotos, huracanes, sequías, inundaciones, incendios, mortales asteroides. Esta neurosis nos conduce, tratando de protegernos, al egoísmo, a la manía de coleccionar posesiones.

Para soportar la inferioridad, aprendemos a identificarnos, es decir incorporar valores de otros. Admiramos a artistas, deportistas, personalidades fuertes. Y esa admiración nos hace sentir que poseemos sus cualidades. Luchamos por obtener premios.

Para soportar la angustia, aprendemos a pertenecer a sectas, religiones, partidos políticos. Nos entregamos a egos delirantes que dicen saberlo todo, solucionarlo todo.

Para soportar la castración, aprendemos a crearnos miembros imaginarios dominando a otros, dando órdenes y prohibiciones, acumulando dinero.

Para soportar el abandono, nos amarramos a otros formando parejas sin amor, sociedades que nos vampirizan, participando en fiestas que nos embrutecen, y en actividades de grupos que son sólo juegos superficiales.

Al ego intelectual le parece que su meta suprema es ser un GENIO, aspirando a abrir nuevos caminos para el desarrollo de la humanidad.
Al ego emocional le parece que su meta suprema es ser un SANTO, aceptando la sagrada ignorancia para entregarse a la voluntad divina.
Al ego sexual le parece que su meta suprema es ser un HÉROE, decidiendo sacrificar su vida por una causa social que le parece justa.
Al ego corporal le parece que su meta suprema es ser un CAMPEÓN, empleando todas su energías en vencer a los otros para convertirse en el mejor.

El camino para vencer estas cuatro neurosis es el de domar sus egos limitados para que aprendan a entregarse a su impersonal Yo Esencial, que lo es todo, lo sabe todo y lo puede todo. Pero esto ya es tema de la segunda parte.

Segunda parte

PARA COMENZAR A VENCER LAS ANGUSTIAS DEL EGO.

En la PRIMERA PARTE hablábamos de la necesidad de domar nuestros 4 egos limitados (el ego intelectual, el ego emocional, el ego sexual y el ego corporal) para que aprendan a entregarnos al impersonal Yo Esencial, que lo es todo, lo sabe todo y lo puede todo. Por muy amada que sea una persona, sus 4 egos estarán invadidos por la angustia. Este miedo a algo desconocido es producto de la ignorancia: nadie sabe lo que es la vida, ni el porqué de su existencia, nadie conoce la totalidad del universo. Esta neurosis nos conduce a dejarnos fanatizar por doctrinas o religiones sectarias.” .

El primer paso que debemos dar para ampliar nuestra mirada más allá de todos los horizontes, es imaginar al Dios Interior; un Dios que es diferente de aquel otro, ubicado en los cielos, impensable, inalcanzable, descrito por Michel Onfray en su ‘Tratado de ateología’:
“Mortales, limitados, padeciendo sus obligaciones, los humanos, obsesionados por la completez, inventan una potencia dotada exactamente de sus cualidades opuestas: con sus defectos volteados como los dedos de un guante, fabrican cualidades ante las cuales se arrodillan y luego se prosternan. ¿Soy mortal? Dios es inmortal. ¿Soy finito? Dios es infinito. ¿Soy limitado? Dios es ilimitado. ¿No lo sé todo? Dios es omnisciente. ¿No lo puedo todo? Dios es omnipotente. ¿No estoy dotado del don de la ubicuidad? Dios es omnipresente. ¿He sido creado? Dios es increado. ¿Soy débil? Dios es todopoderoso. ¿Estoy en la tierra? Dios está en el cielo. ¿Soy imperfecto? Dios es perfecto. ¿No soy nada? Dios es todo. Etcétera.”

Imaginemos ahora que no en un paraíso infantil sino en el centro (o en el fondo) de nuestro inconsciente se encuentra Dios. ¿De qué manera? Como creador y destructor de cada una de nuestras células. Transformador de nuestras experiencias internas en consciencia sublime. Poseedor de la llave de cada una de nuestras ignorancias, aquello que se nos presenta como secreto salvador. Bálsamo seguro para nuestro corazón adolorido. Remedio supremo para cada enfermedad. Aquel que nos enseña a amar a todos los seres, sin distinción… Este íntimo ser debe servirnos de modelo. Dado que día tras día inventamos nuestra realidad, así también podemos inventar nuestra divinidad:

“Yo soy inmortal, sencillamente porque la muerte es sólo un concepto. Nada desaparece, todo cambia. Si acepto mis incesantes transformaciones, entro en la eternidad. Yo soy infinito porque mi cuerpo, mascarón de proa del universo, no termina en mi piel: se extiende sin límites. Yo lo sé todo porque no solo soy mi intelecto sino también mi inconsciente, formado por la energía oscura que sostiene a los mundos; no soy solo las diez células cerebrales que empleo cotidianamente, sino también los millones de neuronas que forman mi cerebro. Soy omnipotente cuando ceso de encerrarme como individuo y me identifico con la humanidad entera. Soy omnipresente porque, junto con todos los otros seres, formo parte de la unidad: lo que sucede, aunque sea en el lugar más lejano, me sucede. Soy increado porque antes de ser un organismo fui materia ígnea, antimateria, energía, vacuidad. Mi carne está formada por residuos de estrellas que tienen millones de años. Estoy en el cielo porque mi Tierra es un navío que recorre un universo que a su vez recorre incontables otras dimensiones. Soy perfecto porque he domado mis egos, haciendo que se una a la perfección del cosmos. Yo soy todo porque soy al mismo tiempo yo y los otros”.

Alejandro Jodorowsky

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