El Arte De Sanar

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Autopsia

Autopsia
Painted by: PascAlejandro Mkntandon-Jodorowsky
Técnica mixta sobre papel, 42x56cm-2009

El organismo, según usted, es un sumidero de problemas no resueltos.

Claro, porque cuando tú no quieres hacerte consciente de lo que tienes, el cuerpo lo transforma en enfermedad. Todo secreto tiende a aparecer de la misma manera que tiende a manifestarse lo oculto. La naturaleza quiere que estés sano y que te realices, y cuando te reprimes, reprimes algo de ti que acaba saliendo por algún lado.

¿De dónde vienen las adicciones que flagelan nuestras sociedades?

De carencias de la infancia, que las personas intentan compensar de ese modo. El alcoholismo se produce generalmente por falta de leche materna. Y la adicción a la heroína suele deberse a la falta de ser, a la ausencia de reconocimiento, para así lograr llenar el vacío de no ser amado.

¿La locura existe o es un invento de la policía, como diría Topor?

Sí existe. Necesitamos sueño y realidad. Hay un momento en que se borra la individualidad, y entonces el cerebro funciona sin control, y llegamos a la locura. El cerebro es un universo en constante expansión y movimiento. Vamos en una cárcel racional que navega dentro de un loco.

¿Cuál cree que es la enfermedad más extendida?

El sufrimiento emocional. La civilización nos predispone a ello.

Usted ha asistido a muchas operaciones en las que los chamanes curan a la gente. ¿Qué hay de realidad y qué hay de montaje en las curaciones de los primitivos?

Es lo que yo llamo «trampa sagrada». El chamán realiza actos teatrales, imita poderes, e imitando poderes produce el efecto, porque abre las puertas de esa cosa misteriosa que somos nosotros.

Dudó siempre de lo que veía en ese tipo de rituales, pero luego le dio otro sentido, más bien metafórico, que integraría más adelante en sus terapias.

Yo partía de no creer en nada. No es que dudara, es que no quería creer en aquello. El paso positivo que di ante aquellas prácticas fue eliminar el creer y el no creer, me quité estas dos actitudes de encima. Los científicos no creen, pero creen en no creer. Es un error. Hay que prescindir de prejuicios ante estos actos, experimentar tranquilamente y ver los resultados.

La manera de actuar del chamán es, en cualquier caso, metafórica.

Claro, porque el inconsciente procede con metáforas. Si, por ejemplo, a alguien que te ha hecho mucho daño le das una bola pintada de negro y le dices «Toma, éste es tu cáncer y no el mío, quédatelo», eso es una metáfora.

Pero el enfermo, más o menos, suele resistirse a ser curado.

No es que se resista más o menos, es que se resiste siempre, por una razón muy sencilla: la enfermedad, en sí misma, ya es una resistencia. Una resistencia al mensaje del inconsciente. Se está produciendo una prohibición y, en la medida en que te resistes a ella, creas una enfermedad.

Cuando leo el tarot lucho como si estuviera en un combate de artes marciales. Una pelea de karate con el consultante, que se resiste a ser ayudado. El tarot es un arte marcial que trata de darte vida, pero el consultante combate y se resiste.

Luchas con las defensas que pertenecen a cada nivel de conciencia. Pasar de un nivel de conciencia a otro es una batalla. La gente se defiende de ser curada porque ha sido marcada por una preparación genética, sociocultural y familiar que le otorga una identidad. La gente enferma está pidiendo algo, quiere que la amen. Para poder ayudarla tienes que luchar para que acepte que nunca va a obtener lo que no le dieron en la infancia.

Paradójicamente, y al mismo tiempo, el enfermo pide la curación.

En realidad, el enfermo pide la curación para que se le vaya el dolor, no la enfermedad. Está pidiendo una aspirina metafísica. Quiere que desaparezca el síntoma, pero se resiste a querer ver la esencia que produce esa enfermedad. No la quiere ver porque perder la identidad es lo que más tememos.

¿Es como el miedo a la muerte?

No. Es mucho más que el miedo a la muerte. El cerebro no concibe el miedo a la muerte, pero sí el miedo a perder la identidad, que es su equivalente. La persona que pierde la memoria se puede decir que es un muerto vivo, que tiene que recomenzar una nueva vida.

Sin decorado primitivo de fondo ni superstición, ¿qué queda de las ceremonias de curación realizadas por los chamanes?

No es sólo una cuestión de decorado primitivo. No somos primitivos. Cuando estuve en la India, con motivo del rodaje de mi película Tusk (1978), busqué un maestro. Me encontré con uno que salía del hotel y que estaba gordísimo, se había enriquecido y había engordado, se había occidentalizado de una manera grotesca. Otro día vi un desfile de sadhus, los hombres santos de la India, protestando porque el precio de la marihuana había subido: estaban todos drogados. Las mujeres vendían sus saris de seda y los compraban de nailon. Etcétera. Estos pueblos primitivos quieren venir aquí, eso explica la invasión de chamanes de todo tipo que arriban a nuestras ciudades. Todos los que vienen a salvar el mundo quieren entrar en la civilización, y lo que les atrae es, sobre todo, el dinero. Eso es lo que les llama la atención de Occidente. Es ridículo que nosotros, que hemos salido de la mentalidad primitiva, que hemos llegado a la mentalidad racional, volvamos a buscar secretos en lo primitivo. No podemos volver atrás. Debemos tomar ese conocimiento, aplicarlo a nuestra mente racional e ir más lejos todavía.

Pero hay quien se va a la selva en busca de ritos, chamanes y referencias que aquí hemos olvidado…

La moda del neochamanismo es ridícula. Es bueno visitar otros pueblos para aprender técnicas que hemos perdido, pero no para imitarlos o reproducir sus supersticiones, sus dioses o sus ritos, que no nos sirven. Es absurdo. Nosotros no seremos nunca pieles rojas ni indios del Amazonas aunque nos lo propongamos. El libro de Antonin Artaud Los tarahumaras es lamentable, en cuanto que habla de ese pueblo con mirada de turista. Se tiende a idealizar a los antiguos. No eran mejores que nosotros, aunque el pueblo y el folklore siempre hayan conservado restos de un conocimiento difunto que, por otra parte, no podemos emplear. La actitud tradicionalista no es útil para nosotros.

¿En qué consiste la psicomagia?

La psicomagia consiste en dar consejos para solucionar problemas, aplicando de forma no supersticiosa las técnicas de la magia. Los elementos con los que se cuenta son toda clase de actos simbólicos que puedan ser propuestos a una persona. Lo primero de lo que tenemos que ser conscientes es de que cuando una persona tiene un problema hay que introducirla en su problema, para que sea consciente de él. Hay que llevarla al límite de su problema, no apartarla enseguida de él, sino enfrentarla a sus miedos. Una vez superados éstos, la angustia desaparece y la persona puede remontar. Si uno tiene miedo de algo, hay que enfrentarle a ese miedo. Esto no es algo original: hay que poner a la persona frente a su angustia. A partir de ahí, hay métodos concretos para ayudarla. En el caso de que una persona haya sufrido toda su vida, lo único que puede hacerse es dejarla morir y que renazca de nuevo. Esto se hace metafóricamente, por ejemplo cambiándole el nombre y haciéndole una tarjeta de visita nueva.

La psicomagia depende de soluciones creativas muy simples en las que yo no tengo ningún límite. Son cosas no agresivas, cosas benignas, jamás destructivas. Por ejemplo, si enterramos algo debemos plantar algo. La creatividad no debe verse desde el lado del mal o como una posibilidad de hacer mal, ¿comprendes? Porque la creatividad desde el mal se convierte en destructibilidad. Y la destructibilidad no es interesante.

¿La psicomagia puede aplicársela uno mismo o hace falta un maestro?

Por supuesto que puede aplicársela uno mismo. Yo lo hago continuamente. Tengo fetiches propios y sagrados, y también cómicos. Me he creado un altarcito, reflejos condicionados.

¿Qué características tiene que tener un hombre para curar a otro?

No se cura a otro, se ayuda a otro a curarse. El que quiere curar a otro es un vanidoso. Ni siquiera el otro se cura. Dios lo cura. Yo creo que el motor de todo esto es la bondad. Cuando una persona desarrolla en sí el sentimiento de la bondad, advierte los sentimientos del otro y hace lo que puede para sacarlo del mal. Hay que ponerse en el lugar del otro y hacer lo posible para que el otro descubra cómo curarse. Para eso es necesario que el otro ascienda de nivel de conciencia y desplace su visión de las cosas. Todos nosotros percibimos la vida desde un punto de vista, más o menos variable, a una cierta altura. Cuando cambiamos ese punto de vista nuestra vida cambia.

¿El terapeuta debe dejar la moral de lado para curar?

Debe ser amoral, pero no inmoral. La inmoralidad revela una enfermedad. Ser amoral para el terapeuta significa no juzgar. Como un médico: si un asesino tiene una herida, el cirujano le ayuda y le cose la herida. De la misma manera debe actuar el terapeuta. Tiene que dejar de lado los prejuicios, y más aún un terapeuta psicológico.

Un cierto desinterés personal y distancia ¿son imprescindibles para curar?

Habría que precisar qué entendemos por «desinterés». Está bien no querer nada de la persona, pero eso significa también cierto cinismo e indiferencia. El terapeuta tiene interés en curar a la persona, y precisamente ese interés hace que sea desinteresado. Hablo de los terapeutas que no buscan ganar dinero ni timar a la gente, como hacen ciertos adivinos. Hay otro tipo de interés, que se manifiesta cuando el psicoterapeuta tiene complejo frente al consultante y quiere convertirse en un soporte para los enfermos, reforzar su ego o explotar su interés narcisista. Otras veces se dan intereses políticos o sociales. Conocí a una psicoanalista que destruía sistemáticamente las parejas que se le acercaban porque odiaba al hombre. También está el interés de ser amado. O el más simple: intentar hacerse amigo del paciente, pero esto hay que dejarlo de lado para poder curar.

Usted suele decir que curar es todo menos un juego surrealista… pero en sus recetas de psicomagia hay mucho de juego y hasta de humor.

Hay algo de humor, pero lo que ocurre es que en el momento que hacemos algo que nunca hemos hecho, ya estamos en el camino de la curación. Hay que romper las rutinas. Como hablamos del lenguaje del inconsciente o de los sueños, estos actos pueden resultar extraños en apariencia. Es el camino contrario al seguido por Freud con el psicoanálisis y los sueños. El psicoanálisis anota los sueños y los interpreta a la luz de la razón, va de lo inconsciente a lo racional. Yo voy al revés: tomo lo racional y lo vuelco al lenguaje de los sueños, introduciendo los sueños en el lenguaje de la realidad.
Los actos psicomágicos equivalen a construir sueños en la realidad. Si estas cosas no suceden, hay que hacer que sucedan. La realidad busca la liberación onírica, y hay que hacer que pase algo para que alguien se cure. Todo lo que sale de lo racional hace reír o espanta. Risa o espanto son sólo reacciones para salirse de lo común.

La verdad es que la psicomagia se ha hecho popular. ¿Cómo se lo toma?

Encuentro por la calle muchos actos de psicomagia que no he dado yo. (Risas.) Es cierto que se está utilizando mucho. Al principio fui muy discreto. Estuve durante años dando consejos y anotándolos. Luego vino Gilles Farcet, e hicimos el libro Psicomagia, que él tardó cuatro años en preparar, mientras yo seguía trabajando. Cuando el libro salió en Francia tuvo un gran éxito y se tradujo al castellano y al italiano. La gente se puso a buscarme, y entonces pude hacer experimentos. Durante un año recibí, cada día, a dos personas en mi casa para tratar de elaborar las leyes de la psicomagia, pensé que era parte de mi creatividad y que, antes de que yo muriese, tenía que poder enseñársela a mi hijo Cristóbal, a mi mujer Marianne y luego a unos cuantos terapeutas.

Continúo formando gente, pero el proceso es muy lento. Se necesitan, al menos, cuatro o cinco años de experiencia y mucha actividad artística. La diferencia fundamental de esta terapia con el psicoanálisis es que éste fue creado por gente que procedía de la universidad y de la ciencia, mientras que yo he creado una técnica que viene del arte. Yo digo que un científico no puede ser terapeuta. La curación es obra de artistas y poetas. Si no, no puedes curar.

Trabaja con el cuerpo a fondo, pero teniendo en cuenta la existencia de un cuerpo fantasma, sobre el cual usted ha investigado mucho.

Yo empecé a estudiar las religiones, el tantra, el yoga, la alquimia, el zen, la medicina china, la Cábala. Me di cuenta de que cada cultura crea una biología imaginaria que funciona. Por ejemplo, estudié que el chakra muladhara, que está entre el sexo y el ano, es como una flor de cuatro pétalos que tiene en el centro un elefante con la trompa izada. En un primer momento pensé:

«Verdaderamente no siento que tenga ninguna flor entre el pene y el ano». Pero cuando fui a la India decidí montar en elefante, para ver qué era eso. Y entonces supe por qué decían eso de aquel chakra: cuando montas en elefante sientes la fuerza de la naturaleza. El elefante avanza como un giroscopio, no se inclina ni a la derecha ni a la izquierda, va como una barca en un mar calmo.

Es como una fuerza monumental de la tierra que la sientes entre las piernas. Entonces me di cuenta de que esas flores y ese elefante son metafóricos, hay que comprenderlo en su sentido cultural; son localizaciones que se ubican en el cuerpo, pero son imaginarias. A mucha gente le digo que si quiere aprender masaje do-in, no presione con el pulgar el cuerpo buscando míticos meridianos. Yo le enseño en una hora a empujar con el pulgar todo el cuerpo de la persona, y los pacientes sanan. Chakras y meridianos son biologías imaginarias. El cuerpo es un todo. Me interesé por la biología imaginaria porque comprobé que, cuando imaginas tu cuerpo, lo estás creando. Castaneda tiene una biología imaginaria fuerte, con el punto de ensamblaje y todo eso, que viene del esoterismo europeo, el aura y demás. También estudié los cuerpos mutilados, los llamados «miembros fantasma».

¿Qué consejos daría para perder los miedos que padecemos?

Cada caso es distinto, pero siempre he dicho que hay que manifestarlos de una forma psicomágica. Hay que descubrir qué te da miedo y hacerlo. Si una persona teme morir, le hago pasar por un funeral, la entierro simbólicamente. A quien teme ser pobre le envío a otra ciudad a mendigar durante un día. Les hago colocarse en el límite de lo que temen. Enfrentarse a ello.

Georg Groddeck dijo algo que me gustó mucho: «Tienes miedo a lo que deseas». Si una persona tiene miedo a ser homosexual, le mando vestido de travestí a un bar de homosexuales. Para vencer al miedo, hay que dejarlo entrar en tu vida de forma concreta.

¿La medicina del futuro contemplará asignaturas como la psicomagia, el teatro o el psicochamanismo?

La medicina del futuro tendrá que integrar todo esto, aunque ya está haciéndolo. Yo tengo muchos alumnos del doctor Hamer, que han creado la biopsicogenealogía, que para mí es un delirio, pero que poco a poco se hace evidente. Y mi amigo Jean-Claude Lapraz, médico fitoterapeuta, me envió durante dos años a sus pacientes para que yo viera si existían problemas psicológicos.
Entre los dos llegamos a un principio de acuerdo que decía: «No presupongamos que todas las enfermedades son psicológicas, pero vamos a observar qué hay de psicológico en las enfermedades». Estudiamos los sucesos psíquicos en su relación con los corporales y, al mismo tiempo, los dos hacíamos nuestro trabajo.

Los médicos de hoy en día… ¿ejercen un poco de psicochamanes?

¡Pero si para la gran mayoría de ellos tú eres un número y no tienes nada que decir! Hay que reformar radicalmente el estado de la medicina: desde los hospitales hasta los hábitos. Enfermeras, médicos, no saben tratar al enfermo, piensan que al enfermo hay que tratarlo de forma cruel e impersonal, y eso no funciona. Ellos curan máquinas.

Lo fundamental en la curación es que la persona se exprese y hable. Notas, cuando curas a alguien, que se produce un cambio en la persona que ha sido escuchada. Para curar tienes que saber quién es el paciente y en qué terreno se desarrolló su enfermedad y su carácter. Para saber quién es, es imprescindible desarrollar su árbol genealógico por lo menos hasta los bisabuelos. Pero nada de esto se aplica hoy en la medicina convencional.

¿Qué opina sobre el suicidio?

Si tienes una enfermedad grave, incurable, el suicidio es una opción posible. La gente tiene derecho a terminar con su vida. La vida no es prolongar una agonía. La medicina actual prolonga el dolor, y eso es terrible.

¿Cómo ve la forma en que nuestra sociedad afronta la muerte?

Es una monstruosidad cómo se nace y cómo se muere. Así no se debería venir al mundo, habría que recuperar el nacer y morir en el hogar.

Alejandro Jodorowsky
Fragmento de su libro Psicomagia

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