La Muerte De Un Hijo

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Union Ombilical
Unión Omnilical
Técnica sobre papel 65X50CM – 2014
Painted by: PascAlejandro Montandon-Jodorowsky

 
El sufrimiento emocional era tan intenso que el cuerpo entero me dolía. Me sentía culpable de respirar. Todo lo que fui hasta ese momento había estallado en innumerables pedazos. ¿Por qué él y no yo? La muerte brutal de mi hijo me convirtió en un espejo roto…

Los alimentos perdieron su sabor, el sueño se hizo pantano; desprovisto de palabras, la única expresión que me quedaba era el llanto. Los seres humanos, las plantas, los animales, los objetos, todos formando parte de él, el mundo entero era su ausencia. Esa inmensa desesperación hizo que me diera cuenta de mi absoluta falta de fe: si había Dios, Él era indiferente. Después de aquello que yo llamaba vida, sólo se nos concedía un abismo negro.

Imposible de aceptar un rostro interior con la capacidad de reencarnar. No había más futuro que las cenizas. Buscando consuelo viajé a Méxicopara visitar a mi maestro zen. Ejo Takata. Sólo me dijo una palabra: “Duele”. Eso me bastó: no había consuelo. No me quedaba más que soportar el dolor.¿El dolor, la alegría, la innumerable gama de sentimientos? Nubes efímeras atravesando el azul de un cielo infinito. Si quería volver a vivir, tenía que encontrar en mí mismo aquella región donde lo personal se disuelve, donde ser consiste en aceptar que no se es.

La llaga, si bien no desaparecía, por lo menos dejaba de torturarme cuando me sumergía en el pensamiento puro… Aquel que no expresaba los detalles del individuo, ni sus angustias, ni sus emociones, ni sus deseos, ni sus necesidades, sino que se buscaba a sí mismo, tal un espejo reflejando a otro espejo.

Cuando meditando en mi oscuro rincón de duelo me desprendía del yo personal, entraba en la dimensión donde no hay una verdad sino miles, simultáneas, contradictorias, complejas, simples, útiles e inútiles. Todas, aunque diferentes, se respondían, se entremezclaban, unidas como hermanas en mi corazón, que latía en esa zona donde el dolor era impensable.
Meditar, inmovil, durante horas, no fue un consuelo para mí, fue una tabla de salvación.
En i995, a los 24 años, en una fiesta Teo murió de una over dosis. Hoy cumpliría 45 años. En mi memoria se quedó joven para siempre. Duele.
En lo que has leído no hay ni una sola palabra que no me haya sido dictada por ese centro luminoso que es el fruto de nuestra sombra.
Alejandro Jodorowsky

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